¿Les conté que me comí a mi propio conejito?
Se llamaba Rabito.
Un día mi tía decidió que era hora de comerlo. Se lo llevó, lo despellejó y lo asó a la parrilla.
“acá está tu conejito”, me dijeron, poniéndome frente a la cara un tenedor con un pedazo de carne blanca en la punta. No me acuerdo si lloré cuando lo tragué. Pero fue el único pedazo de Mr. Bunny que probé - Perdón! ¿Dije Mr. Bunny? No, no. Ese fue otro conejito que comí después. Ja! Y creía que no me había gustado la carne de conejo!.
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